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¿Nunca te ha pasado que te sientes ‘aburrido’, ‘solo’, ‘fastidiado’ y, de repente, llega alguien, como caído del cielo, a escribirte y sacarte de tu momento de tedio extremo? ¿No? A mí tampoco.

Hansel y Gretel: las brujas que vos quemás gozan de buena salud

lairofsentinel:

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En la historia aparente tenemos a dos hermanos que son expulsados de su hogar y empujados al bosque. Los padres, incapaces de afrontar las realidades del mundo exterior a la vida doméstica, ya no pueden hacerse cargo de ellos. A los niños les quedan dos opciones: sobreviven por sus propios medios, o sea, se vuelven adultos, o mueren en el intento. Ese conflicto sostendrá la construcción de la historia aparente.

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Sabemos, y entendemos, que los cuentos de hadas “hablan en el lenguaje de los símbolos y no en el de la realidad cotidiana“. El bosque, en un sentido simbólico clave, no es otra cosa que la ausencia de amparo. El bosque es el mundo exterior para la sociedad, es la naturaleza no dominada por la cultura, es el lugar adonde las leyes no llegan. Por allí se pasa: se está en tránsito. Allí se miden las fuerzas. Allí el niño se hará hombre y la niña, mujer. De allí se sale adulto, o no se sale. Allí no hay reglas. Allí habitan las brujas.

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La eliminación de la bruja es la clave, pues es, justamente, el momento en que los niños dejan de ser usados y se hacen cargo de la situación. Y ahí, poco importa que sea la madre o la madrastra la que muere al final: lo que importa es que muere la bruja, figuración indiscutible de un poder femenino que escapa a la dominación del hombre, y que por ello genera tanto temor (y tanto rechazo).

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La bruja encarna al mal. ¿De qué mal se trata? Sabemos que la bruja fue (es) la oposición al poder patriarcal. La bruja es símbolo de la comunidad de mujeres que se organiza al margen de la ley y de la religión dominante, la que resiste las imposiciones del poder feudal y católico, la que hace del cuerpo y del deseo un valor más allá del orden falocéntrico, la que tiene el poder de humillar la virilidad masculina. La bruja es la mujer que hace dudar al poder del hombre. No es casualidad que al inicio del cuento de “Hansel y Gretel” sea la madre-madrastra la que hace trastabillar al padre en sus convicciones paternales una y otra vez. Es ella la que lo convence de enviar a los hijos al bosque (¿la que impulsa a los niños a independizarse? ¿la que sabe que en el bosque están las riquezas y la promesa de felicidad, tal como puede ser representada por la casa “hecha de pan y cubierta de bizcocho“?). Es ella la que, cuando los niños logran regresar al seno de la familia, desbarata la astucia de Hansel para que eso no se repita. Y si la madre-madrastra es la bruja, también es ella la que debe ser eliminada por los niños para que el orden patriarcal se restablezca luego de haber trastabillado.
En esa acción, al eliminar a la bruja, los niños habrán de confirmar de qué lado del orden están y si efectivamente están preparados para ingresar al mundo adulto y reforzarlo. No es casualidad, tampoco, que en el cuento sea Gretel, la niña, quien da el último empujón a la bruja para echarla al horno. Gretel, que hasta ese momento había sido dirigida y subordinada por Hansel, es la que tiene que definir, en su rol de género, el destino final de la mujer. Es ella, en definitiva, la que echa a la bruja al fuego, la que la elimina.

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Cuando uno lee el cuento hoy en día, no puede menos que preguntarse: ¿por qué estos dos niños perdonan al padre? ¿Por qué, siendo que el padre fue cómplice y ejecutor del plan de abandonarlos, dejarlos librados a su suerte, ellos regresan al hogar y le entregan a él todas las riquezas que expropiaron a la bruja? El mensaje no puede ser más claro. A ellos les corresponde, luego de pasar por la prueba iniciática de convertirse en adultos, restablecer lo que en el fuero íntimo de la infancia no puede dejar de estar presente nunca: el poder real es del padre, es del hombre, y a es a él que hay que afirmarlo, sean cuales sean las circunstancias, fuera cual hubiere sido su accionar. El poder del padre (el patriarcado), de última, una vez que se ha eliminado al mal, encarnado aquí por la mujer desviada (la bruja, la que no logra acceder al alma de los niños) no puede ponerse en duda.

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